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TDAH en niños y adolescentes

El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad afecta la forma en que el cerebro regula la atención, los impulsos y la actividad. No es falta de voluntad, no es mala educación y no es que el niño “no quiera”. Es una diferencia real en el neurodesarrollo, y con el acompañamiento adecuado se maneja muy bien.

Señales frecuentes

  • Dificultad para sostener la atención en tareas o juegos
  • Se distrae con estímulos mínimos y se va en medio de una instrucción
  • Olvidos frecuentes, pierde cosas y vive desorganizado
  • Inquietud motora: le cuesta quedarse quieto o sentado
  • Habla en exceso, interrumpe, contesta antes de que termines
  • Actúa antes de pensar y le cuesta esperar su turno
  • Cambios de humor y baja tolerancia a la frustración
  • Bajo rendimiento escolar pese a tener capacidad para más

Cómo abordo este proceso

El TDAH se atiende mejor en equipo. Cuando el caso lo requiere trabajo de la mano del neurólogo o psiquiatra pediátrico que lleva la parte médica; mi aporte es la parte psicológica y funcional: entrenamiento en habilidades ejecutivas (organización, planeación, manejo del tiempo), estrategias de autorregulación, trabajo sobre la autoestima —casi siempre golpeada— y orientación a los papás y a la escuela.

El TDAH no se cura, pero se maneja muy bien. Con intervención temprana los niños desarrollan herramientas que los acompañan toda la vida y, sobre todo, dejan de crecer creyendo que son el problema. El objetivo no es un niño quieto: es un niño que entiende cómo funciona su cabeza y sabe trabajar con ella.

Qué es y qué no es el TDAH

El TDAH es una condición del neurodesarrollo con base neurobiológica bien documentada: no lo causa el azúcar, ni las pantallas, ni una mala crianza, aunque todo eso pueda influir en cómo se manifiesta. Tampoco es un invento moderno ni una moda; lo que cambió es que hoy se detecta más y mejor.

Es importante decir lo que no es. No todo niño movido o distraído tiene TDAH: la inquietud es normal en la infancia, y el diagnóstico solo aplica cuando los síntomas son intensos, persistentes, aparecen en más de un contexto (casa y escuela) y afectan de verdad la vida del niño. Por eso el diagnóstico es clínico y cuidadoso, no una etiqueta que se pone en cinco minutos.

Los tres perfiles del TDAH

El TDAH no se ve igual en todos. Hay un perfil predominantemente inatento —niños (y muchas niñas) que no son inquietos pero se desconectan, sueñan despiertos, pierden cosas y parecen estar en la luna—; suele pasar desapercibido justamente porque no molesta en clase, y a veces se detecta tarde.

Hay un perfil predominantemente hiperactivo-impulsivo, el más visible: el niño que no para, que interrumpe, que actúa sin medir consecuencias. Y hay un perfil combinado, que reúne ambos. Distinguir cuál es el de tu hijo importa porque las estrategias cambian: un niño inatento necesita sobre todo apoyo en organización y foco; uno impulsivo, trabajo en frenar y anticipar.

Mi papel junto al neurólogo o psiquiatra

En los casos que lo necesitan, la parte médica —incluida la decisión sobre medicamento— la lleva el neurólogo o el psiquiatra. Yo no receto ni sustituyo esa valoración. Lo que hago es la parte psicológica, que es indispensable y que el medicamento por sí solo no cubre: enseñar habilidades, ordenar rutinas, trabajar la frustración y reparar la autoestima.

Cuando hay tratamiento farmacológico, la terapia lo potencia; cuando el caso es leve y no se requiere medicamento, la intervención psicológica y el trabajo con papás y escuela suelen ser suficientes. En ambos escenarios coordino con el médico para remar en la misma dirección.

El costo emocional: autoestima y el niño problema

Un niño con TDAH escucha, en promedio, muchísimos más regaños y correcciones que sus compañeros: ponte a trabajar, otra vez se te olvidó, por qué no puedes estarte quieto. Aunque nadie lo diga con mala intención, el mensaje que interioriza es que hay algo malo en él. Para la adolescencia, muchos ya cargan con ansiedad, desmotivación o una idea muy pobre de sí mismos.

Buena parte del trabajo terapéutico es justamente ahí: ayudar al niño a entender que su cabeza funciona distinto, no peor, y darle experiencias de logro que contrapesen tantos años de escuchar que no puede. Un niño que entiende su TDAH y se siente capaz llega mucho más lejos que uno igual de sintomático pero convencido de que es un caso perdido.

Trabajo con la escuela y en casa

El TDAH se juega todos los días en el salón de clases y en la mesa de la tarea. Por eso oriento a los papás con estrategias prácticas —rutinas visuales, tareas divididas en pasos, refuerzo de los avances, ambientes con menos distractores— y, cuando la familia lo autoriza, aporto sugerencias de ajustes razonables para la escuela: sentarlo adelante, darle instrucciones cortas, permitir pausas de movimiento, evaluar de formas que no castiguen la desorganización.

La meta no es que el niño aguante un sistema pensado para otro tipo de cabeza, sino acomodar el entorno lo suficiente para que pueda mostrar lo que sabe, mientras desarrolla sus propias herramientas.

Cómo son las sesiones

Atiendo en consultorio en Tecate, Baja California, y también por videollamada. Las sesiones con el niño combinan trabajo estructurado con actividades a su nivel, y se acompañan de orientación a los papás. La frecuencia habitual es semanal al inicio.

Si aún no hay diagnóstico, la primera etapa es la evaluación; si ya lo tiene y llega derivado del neurólogo, arrancamos directo con la intervención psicológica coordinada con el médico.

Preguntas frecuentes

¿Mi hijo necesita medicamento?

Esa decisión la toma el neurólogo o el psiquiatra, no yo. En casos moderados o severos el medicamento tiene evidencia muy sólida; en casos leves muchas veces basta con la intervención psicológica y el trabajo con papás y escuela. Mi rol terapéutico complementa al farmacológico, no lo sustituye.

¿Cómo se diagnostica el TDAH?

Es un diagnóstico clínico que combina entrevistas, cuestionarios estandarizados a papás y maestros, historia del desarrollo y observación. Debe demostrarse que los síntomas son intensos, persistentes y presentes en más de un contexto. No basta con un test rápido ni con una sola opinión.

¿El TDAH se cura?

No se cura porque no es una enfermedad pasajera, sino una forma distinta de funcionar. Pero se maneja muy bien: con las herramientas adecuadas, muchos niños y adolescentes reducen mucho el impacto en su vida y llegan a la adultez funcionando bien. La intervención temprana marca la diferencia.

¿Las niñas también tienen TDAH?

Sí, y con frecuencia se les diagnostica tarde. Suelen presentar el perfil inatento —distraídas, soñadoras, desorganizadas— más que el hiperactivo, así que no dan lata en clase y pasan desapercibidas hasta que el rendimiento o la autoestima se resienten.

¿Es por algo que hicimos como papás?

No. El TDAH tiene una base neurobiológica y un fuerte componente hereditario; no lo causa la crianza. Lo que sí pueden hacer los papás es enormemente valioso: con las estrategias correctas ayudan a que el niño aproveche sus fortalezas y sufra menos por sus dificultades.

¿Atienden adolescentes?

Sí. En la adolescencia el TDAH suele mostrarse como desorganización, problemas académicos, choques en casa y baja autoestima más que como hiperactividad visible. El trabajo se enfoca en habilidades de estudio, autonomía y autoconcepto. Atiendo presencial en Tecate y por videollamada.

Atiendo este proceso desde el consultorio en Tecate, BC, y también por videollamada. Conoce a los psicólogos en Tecate y todos los servicios disponibles.